lunes, 5 de febrero de 2018

Eros y Psique: la mariposa y el eterno insatisfecho.

Eros, o Cupido, como lo llamaron lo latinos, es un inocente joven alado que lanza flechas de amor a los amantes. Pero Eros no es sólo un travieso inmaduro, simboliza algo mucho más profundo. Para estos tiempos convulsos, el mito griego ya nos lo advirtió: Eros es el eterno amante insatisfecho. 

Eros fue concebido justo el día en que nació Afrodita de las olas. Afrodita era la diosa de la belleza, y ella trajo la poesía, la música, el arte... Para conmemorarlo, Zeus ofreció un gran banquete al que fueron todos los dioses. Todos se embriagaron y comieron contemplando a la Belleza misma. No en vano, la palabra "agápē" (en griego: ἀγάπη) no solo hace referencia a una comida fraternal, también es el término griego para describir un tipo de amor incondicional y reflexivo, esta vez dirigida a la diosa de la belleza. 

Sin embargo, alguien quedó fuera del banquete. La diosa de la Pobreza, Penia, prefirió mantenerse alejada de la Belleza, pues no quería presentarse con sus sucio harapos. Resignada y avergonzada, quedó escondida fuera, entre el follaje. Poros, el dios de la abundancia, sí asistió al banquete como el más suntuosos de los invitados. Pero pronto se percató que ya no era el centro de la fiesta, y que la misma Belleza le había relegado a un segundo plano. Así que bebió más de la cuenta y tuvo que disipar su embriaguez buscando el aire fresco en el jardín. Fue entonces cuando Penia despertó y se encontró al mismísimo dios de la abundancia dormido, allí, en el mismo lugar que ella. Creyó encontrar la solución a su pobreza, así que se acostó a su lado y entabló con el dios juegos amorosos que ni siquiera le despertaron de su borrachera. De esta unión, nació Eros. 

Cuando Eros creció, le preguntó a su madre por el origen de su existencia, y ella le contó su historia. Entonces el joven comprendió el origen de su naturaleza. Y es que fue engendrado en el día del natalicio de Afrodita, por eso estaba tan obsesionado por la belleza. Además, rico y pobre a la vez a causa de la condición que le habían dado sus padres, se dio cuenta de su verdad: harto y hambriento a la vez. Rico y pobre, colmado y vacío, insatisfecho siempre, porque al conseguir lo deseado, la misma belleza, dejaba entonces de quererlo, y era entonces cuando deseaba otra cosa.
Eros es la personificación del deseo, y un esclavo del deseo es un eterno insatisfecho.

Es la deificación de la cultura del deseo. Eros ha suplantado a Ágape, el dios griego del amor incondicional. En muchas culturas, existen palabras para describir esta emoción:
"Limerencia" es un anglicismo proveniente de "limerence" y refiere al estado mental involuntario y obsesivo de una atracción romántica. 
"Forelsket" es en danés, ese sentimiento de euforia de estar perdidamente enamorados. 
Iluminado con un 'rayo', amor repentino y poderoso a primera vista, es el "Coup de foudre" francés. 
"Кохаю" (кохать) en ucraniano, es ese amor apasionado, íntimo, romántico. "Sarang" (사랑) en coreano: amar a alguien fuertemente.
"Koi no yokan" dicen en japonés al sentimiento que surge cuando conocemos a alguien y sabemos que caeremos perdidamente enamorados o enamoradas. 

La palabra árabe "Hubb" significa amor, y deriva de la misma raíz que "habb": semilla.
"Yuanfen" llaman en chino a esa fuerza que une a dos personas para seguir juntas. 
"Mamihlapinatapei" en idioma yaghan, archipiélago fueguino, es esa mirada compartida de deseo que se da entre dos personas demasiado tímidas para hacer el primer movimiento. 
"Manabamáte" en Rapanui, es la falta de apetito que surge cuando estamos perdidamente enamorados. Ante la que los alemanes tienen una palabra para describir el apetito exacerbado de la ansiedad que se siente cuando se pierde a una persona: "Kummerspeck", tocino de pena. 
"Kilig" en idioma filipino llamado Tagalo, es esa extraña sensación de vértigo que se siente debido a diversas situaciones románticas, tales como hacer el primer contacto visual o proponerle una cita a alguien.
¿Y si ya se ha decidido la separación? El idioma hindi de la India ya recurre a "Viraha": darnos cuenta de la existencia del amor cuando ya nos hemos distanciado. 
Los rusos incluso tienen una palabra a las cenizas que quedan de un fuego que ya terminó: "Razljubít" (разлюбить): el sentimiento incatalogable que una persona tiene por alguien a quien alguna vez amó.
Pero quizás, el idioma que más da cuenta de esta locura de amor es el rumano. "Dor", dolor de deseo, anhelo. 

Eros no fue siempre desdichado, no. Encontró la satisfacción plena en el amor en Psique, y aún perdura su amor en el Olimpo. Nos cuentan los griegos que Eros es el único capaz de restituir al alma a su dignidad originaria. Eros es necesario para cuando la voluntad está bajo mínimos, cuando el corazón se enfría. Y fué así como nos lo cuenta Apuleyo:

Psique significa "alma" en griego.
Se manifiesta especialmente en el rostro (la cara es el espejo del alma) y era tan bella que ningún mortal se atrevió a desposarla. El Oráculo aconsejó a su padre, el rey, que le llevara a su hija al bosque vestida de novia, y allí un monstruo aparecería y se la llevaría. Ese era el destino, y así debía hacerse, y así se hizo. Un fuerte viento le llevó a Psique desde el bosque a un palacio, donde noche tras noche recibía a su amado que le hablaba con dulce voz y del que recibía siempre amorosas caricias. A Psique no le parecía ningún monstruo, pero tampoco debía descubrirlo, pues el hombre que tan cálidamente le hablaba ya le advirtió en susurros que nunca debía ver su rostro en la oscuridad de la noche.

Psique fue feliz así, pero echaba de menos a su familia. El marido, preocupado, le concedió pasar unos días con su gente. Fue entonces cuando las hermanas de Psique le convencieron para que volviera al palacio con una lámpara y un cuchillo, ya que seguramente se encontraba yaciendo con un verdadero monstruo. Al volver Psique a su habitación, escondió la lámpara y el cuchillo y esperó a la noche. Cuando llegó la oscuridad, y tras recibir las caricias de su marido y quedarse éste dormido, destapó la lámpara que le descubrió, para su sorpresa, un hermoso rostro dormido: Eros. Psique quedó embelesada de su belleza, pero una gota de aceite calló en el hombro del joven, despertó y desapareció. 

Lo que no sabía Psique era que Afrodita tenía mucha envidia de la belleza de Psique, y envió a Eros a aquel bosque, no para llevársela a su palacio, sino para flecharla y que quedara prendidamente enamorada de todos los hombres indeseables. Pero Eros fue el que quedó prendidamente enamorado de Psique, y decidió desobedecer a la celosa Afrodita y llevar a Psique a su Palacio. 
Así pues, cuando Eros desapareció, Afrodita se dio cuenta del engaño, y furiosa, envió a Psique al averno a traer una caja que contenía la belleza misma de la diosa Perséfone. La joven Psique, curiosa de saber cómo era su belleza, curiosa de conocer el alma de tan misteriosa diosa, destapó la caja. Así quedó profundamente dormida, pues Perséfone era la diosa del inframundo, de la muerte. 

Pero Perséfone también es hija de Deméter, diosa de la fertilidad. Eros, enamorado todavía de Psique, la despertó de un flechazo y suplicó a Zeus que la convirtiera en Diosa para casarse con ella. 

Hoy todavía siguen juntos en el Olimpo, el alma y el deseo. El alma es más bella que la belleza misma, no se puede ver con los ojos. Eros encontró su consuelo en el alma, el amor verdadero, el que es ajeno a la belleza exterior, a los sentidos mundanos. Cuando Psique, que añora los sentidos, destapa la belleza exterior de su unión con Eros, queda embelesada y el amor espiritual se convierte en deseo. El alma que persigue el deseo queda congelada al destapar el rostro de la muerte misma, de lo efímero, de la mortalidad. 

Pero siempre puede ser despertada convertida en dignidad, en diosa, gracias a Eros.

O en mariposa.

Psique proviene de la asociación entre la letra Psi que originalmente tenía el significado de “mariposa”, de hecho su dibujo la representa con las alas desplegadas: Ψ

Fuente
"Cuéntame un mito" Carlos Goñi Zubieta. 

domingo, 21 de enero de 2018

Ikigai o eso por lo que te levantas de la cama cada mañana.

Kimiko Nishimoto
"Ikigai" (生き甲斐) es un término japonés que reúne etimológicamente las palabras ‘ikiru’ (vivir) y ‘kai’ (la materialización de lo que uno espera)
Significa algo como "propósito en la vida", o "algo para la que vives", o "eso que te saca de la cama por la mañana"

La psiquiatra Mieko Kamiya explica en su libro ‘Ikigai-ni-tsuite’ (sobre el ‘ikigai’), una obra basada en sus experiencias con pacientes con lepra, que este término tiene semejanzas con la felicidad, si bien posee una sutil diferencia: se trata de aquello que nos permite mirar hacia el futuro, incluso ante un presente miserable y aciago.

Según Mieko Kamiya, la palabra japonesa "Ikigai" significa dos cosas: el objetivo en sí y el sentimiento de quien siente ese Ikigai. Este último también se puede llamar Ikigai-kan (sentimiento Ikigai). Cuando una persona considera cuál es su Ikigai, es probable que haya considerado las siguientes preguntas:

    
¿Para qué es mi existencia? ¿Es para alguien?
    
¿Cuál es el propósito de mi existencia? Si hay alguno, ¿soy fiel a eso?

En el artículo titulado "Ikigai: el proceso de permitir que las posibilidades de uno mismo florezcan", el psiquiatra Kobayashi Tsukasa escribe que "la gente puede sentir el auténtico Ikigai solo cuando, sobre la base de una madurez personal, de la satisfacción de diversos deseos, del amor y de la felicidad, se encuentra con los demás y con un sentido del valor de la vida, que avanza hacia la autorrealización".

Gordon Mathews, profesor de antropología en la Universidad China de Hong Kong, explica a The
Telegraph que no se trata de un estilo de vida o una filosofía, como lo pretenden vender en Occidente, o simplemente algo tan abstracto como disfrutar: "desconfío de las personas que dicen eso". "Ese no es un principio por el que vives. No es por eso que te levantas por la mañana. Es probable que sea algo mucho más estrecho y mucho más directo, algo que está frente a ti".

"Ikigai no es algo grandioso o extraordinario. Es algo bastante práctico". Pero "Realmente importa. Si tienes un ikigai vas a tener una vida mejor, porque tendrás algo para lo que vives, que es clave".
"Escribí sobre un tipo que odia a su jefe, odia su trabajo, y luego llega a casa con su hija aferrándose a su pierna. Es por eso que aguanta esto; ese es su ikigai".

"Me aseguro de que, ocasionalmente a altas horas de la noche, tomo una copa o dos, no pienso en nada frente a mí, sino que simplemente me siento y pienso en mi vida: ¿cómo te va? ¿Qué me está molestando? ¿Qué está pasando ahora?"

 
El profesor Gordon Mathews es el autor de "¿Qué hace que la vida valga la pena vivir? Cómo japoneses y estadounidenses dan sentido a sus mundos." Según su libro, las concepciones japonesas de ikigai fusiona otros dos términos: el ‘ittaiken’, o la unión y compromiso con un grupo o un rol y el ‘jiko jitsugen’, que tiene que ver con la autorrealización. Mientras el ‘ittaiken’ significa, por ejemplo, la maternidad por el mero hecho de ser madre, el ‘jiko jitsugen’ explica la maternidad por la satisfacción que esta proporciona.

"Japón es una sociedad compleja, especialmente en lo que se refiere al individuo como parte de la sociedad" explican en Japonismo. "Hemos explicado muchos conceptos complejos como la jerarquía de una sociedad vertical (tate shakai), la dependencia permisiva (amae), la grupalidad de la sociedad japonesa (uchi/soto) o la dicotomía entre el deseo interior y lo que uno puede expresar (honne/tatemae), por mencionar sólo algunos. Muchos de estos conceptos nos llevan a entender la lucha interna que en muchos casos sufre el individuo japonés a la hora de relacionarse con el resto de la sociedad." (Para leer sobre estos conceptos: http://unaantropologaenlaluna.blogspot.com.es/2015/02/rei-wa-shakai-amae-y-ganbaru-o-como.html)

Según Gordon Matthews, el japonés crea su propio ser a través de estas tácticas:

    Nivel ‘tomar por sentado’, que son las prácticas sociales incuestionables. Por ejemplo, el modo en el que se habla y trata al superior en la oficina.
    Nivel ‘qué le vamos a hacer’, o "shikata ga nai", por ejemplo el "sarariiman" o trabajador que debe trabajar largas jornadas, lo hará porque es lo que se espera de él.
    Nivel cultural: el nivel más ‘libre’, el del "yo" en el que cada uno puede dar rienda suelta a sus deseos e impulsos.
 
“Los japoneses se amoldan para justificar su ikigai durante toda la vida, para así mantener viva la idea de que merece la pena vivir en un mundo social, sea éste real o imaginario”, explica Gordon Matthews.

Tras periodos históricos como la Segunda Guerra Mundial o desastres naturales como el terremoto de 2011, durante los que lo primordial era "arrimar todos juntos el codo", y en los que los niveles del "dar por sentado" y "qué le vamos a hacer" eran los que se anteponían a los propios deseos, ha surgido el deseo de hacer las cosas “porque quiero”. Claro que primero hay que saber qué es lo que realmente se quiere, descubrir y comprender el propio ikigai y así luchar para conseguirlo. Es la oportunidad de replantearnos nuestra vida y su significado. Según Riichiro Ishida, la búsqueda del ikigai “da al ser humano la capacidad de integrar eventos psicologicamente estresantes en el pasado, presente y futuro con menos confusión o conflicto.”

Otra de las causas que hacen reflexionar sobre el propio "ikigai" es la jubilación, ya que debido al envejecimiento de la población, los japoneses disponen de más años para disfrutarla. O el hecho de que los trabajos de por vida hayan desaparecido, hace que hombres y mujeres japoneses se replanteen cual es realmente su ikigai, o si su vida está más encaminada a las obligaciones y normas sociales, la aceptación de unos roles sociales (auto)impuestos, o el propio deseo.

Este tipo de eventos, crisis personales, desastres naturales, guerras... nos dan la oportunidad de replantearnos cuestiones importantes en la vida, como puede ser el significado de nuestra vida hasta el momento, el concepto de felicidad o hasta cómo queremos vivir a partir de ese momento.

Conocerlo no es suficiente. El término no designa un comportamiento pasivo, sino propósito en acción.
Okinawa es un ejemplo. Posee la mayor cantidad de centenarios del planeta en proporción al total de su población: “Viven de media siete años más que un americano”, afirma Matthew. Si bien la calidad de la dieta juega un papel destacado para que sus habitantes logren alcanzar el siglo de vida, gracias al "hara hachi bu" (comer solo hasta que estés lleno al 80%), otros rasgos juegan un papel más importante, como disponer de un "moai": un pequeño grupo de amigos que te apoyan como lo haría una familia. Un grupo informal creado por personas que se comprometen a ofrecerse mutuamente asistencia emocional, social o incluso financiera. El concepto se originó cuando los agricultores se reunían regularmente para discutir las mejores formas de plantar cultivos y cómo apoyarse mutuamente en caso de que fallaran sus cultivos.

Kimiko Nishimoto es otro gran ejemplo. Encontró su Ikigai a los 71 años, y su lado artístico. Comenzó a tomar fotos de naturaleza y colores abstractos, pero algunas de sus mejores fotografías son autorretratos que reflejan su sentido del humor: en una bolsa de basura, disfrazada de gorila o simulando un atropello.
https://www.facebook.com/kimiko.nishimoto.official/






Fuentes:
https://japonismo.com/blog/ikigai-o-la-razon-de-vivir
http://www.telegraph.co.uk/health-fitness/mind/finding-ikigai-japanese-secret-health-happiness/
https://www.elconfidencial.com/alma-corazon-vida/2017-08-14/ikigai-secreto-japones-vida-larga-plena_1427224/
Ishida,  (2011). “Enormous Earthquake in Japan: Coping with Stress Using Purpose-in-Life/Ikigai” en Pychology, vol. 2, nº 8, pp. 773-776.
Kamiya, Mieko (2004). Ikigai ni tsuite. Tokio: Misuzu-Shobo.
Matthews, Gordon (1996). “The Stuff of Dreams, Fading: Ikigai and “The Japanese Self” en Ethos, vol. 24, nº. 4, pp. 718-747.

miércoles, 10 de enero de 2018

Acusación a la Sociedad Industrial: la deshumanización del universo.

"Los caucásicos tienen una visión más positiva de ofrecer a la humanidad que la cultura europea. Lo creo sinceramente. Pero para la consecución de esta visión es necesario que los caucásicos den un paso fuera de la cultura europea, junto al resto de la humanidad, y vean a Europa por lo que es y lo que hace."

Águila Valiente, Wanbli Ohitika, o Russell Means, es considerado uno de los líderes indígenas más importantes, a la par de Caballo Loco y Toro Sentado, guerreros Sioux Lakotas como él.



A pesar de que las Colinas Negras se pactaron como territorio pertenecientes a los Sioux, los Estados Unidos incumplieron el tratado del fuerte Laramie, que ellos mismos habían redactado. Y es que el sacerdote católico Jean de Sniet, se introdujo ilegalmente en territorio lakota y publicó en el periódico Sioux Falls Times de Dakota del Sur el descubrimiento de oro, lo que provocó la Guerra de Black Hills en 1876 y 1877. Más de un siglo después, en 1980, la Corte Suprema de los Estados Unidos otorgó una millonaria indemnización a los Sioux por la usurpación de Black Hills (Colinas Negras). A la fecha, ellos no han aceptado ese dinero, pues buscan la restitución de su territorio.

El presente discurso fue dado por Means en julio de ese año. El discurso sólo cuenta con una edición en español que apareció bajo el nombre “Acusación a la Sociedad Industrial”. 

He aquí algunos fragmentos:

"La única forma posible de comenzar una declaración de este tipo es decir que detesto escribir. El proceso en si mismo resume el concepto europeo de pensamiento “legítimo“. Lo que está escrito tiene una importancia que se le niega a lo hablado.
Mi cultura, la cultura Lakota, cuenta con una tradición oral, por lo que normalmente rechazo escribir.
Es uno de los caminos del mundo blanco para la destrucción de las culturas de los pueblos no europeos, la imposición de una abstracción sobre la relación oral de un pueblo." 

"Cada una de las revoluciones intelectuales son para abstraer la mentalidad europea aún más, para eliminar la maravillosa complejidad y la espiritualidad del universo y reemplazarlo con una secuencia lógica: uno, dos, tres. Respuesta!
Esto es lo que ha dado en llamarse “eficiencia” para la mente europea. Lo que sea si es mecánico es perfecto, lo que sea que parezca funcionar al momento –es decir, si prueba que el modelo mecánico es el correcto– se considera correcto, incluso cuando es claramente falso. Este es el por qué la “verdad” cambia tan rápido en la mente europea, las respuestas que resultan de dicho proceso son sólo paliativos, sólo temporales, y deben ser desechados de forma continua en favor de nuevos paliativos que soportan los modelos mecánicos y los mantienen (a los modelos) vivos." 

"La tradición materialista Europea de desespiritualización del universo es muy similar al proceso mental de deshumanizar a otra persona. ¿Y quienes son los mayores expertos en deshumanizar a otras personas? ¿Y por qué? Los soldados, los asesinos, los guardias nazis de las SS, los policías, los líderes empresariales, los políticos... Y todos esos grupos deshumanizantes tienen en común que el proceso hace que sea aceptable el matar o destruir a otras personas. (...) el truco está en convertir mentalmente a las víctimas en no humanos.  

En cuanto a la desespiritualización del universo, el proceso mental hace que destruir el planeta se transforme en algo virtuoso. Términos como progreso y desarrollo se utilizan como eufemismos, de la misma forma en que términos como victoria y libertad son usadas como pretexto para justificar la carnicería en el proceso de deshumanización. Por ejemplo, un especulador inmobiliario puede referirse al “desarrollo” de una parcela abriendo una cantera de grava, el desarrollo significa aquí destrucción permanente, total, con la tierra misma siendo removida. Pero la lógica europea ha ganado unas cuantas toneladas de grava, con la que más tierra se “desarrolla” a través de la construcción de carreteras y urbanizaciones. En última instancia, todo el universo está abierto –desde el punto de vista europeo– a este tipo de demencia. 

Lo más importante aquí, tal vez, es el hecho de que los europeos no sienten ninguna sensación de pérdida en todo esto. Después de todo, sus filósofos han desespiritualizado la realidad, así que no hay satisfacción (para ellos) en ser ganados en la simple observación de las maravillas de una montaña, o un lago, o de un pueblo simplemente siendo. No, la satisfacción se mide en términos de ganancia material."

"Así que la montaña se convierte en grava, y el lago se convierte en líquido refrigerante de una fábrica, y a la gente se la agrupa para procesarla a través de los molinos de adoctrinamiento que a los europeos les gusta llamar escuelas". 

"Como los gérmenes, la cultura europea atraviesa convulsiones ocasionales,

Aun quizá comparar la cultura europea con una ameba no sea realmente justo para con la ameba. Quizá sea más acertada la comparación con las células cancerígenas, ya que la cultura europea ha destruido históricamente todo alrededor de ella, y eventualmente se destruirá a sí misma."
incluso divisiones en su seno a fin de continuar viviendo y creciendo. No estamos hablando de revolución, sino de una forma de continuar lo que ya existe. Una ameba seguirá siendo una ameba aún después de que se reproduzca.

"No se puede juzgar una doctrina revolucionaria con base a los cambios que propone introducir en la estructura de poder y en la sociedad europea. Sólo se puede juzgar por los efectos que tendrá sobre los pueblos no europeos. Esto se debe a que todas las revoluciones en la historia europea han servido para reforzar las tendencias y capacidades de Europa, para exportar la destrucción a otros pueblos, otras culturas y al propio medio ambiente. Desafío a cualquiera a señalar un ejemplo en el que esto no sea cierto"

"Pero hay otro camino. Está el camino tradicional de los Lakota, y los caminos de los otros pueblos Indios Americanos. Es el camino que sabe que los humanos no tienen derecho a degradar a la Madre Tierra, que hay fuerzas más allá de todo lo que las mentes europeas han concebido, que los humanos debemos estar en armonía en todas las relaciones, o dichas cosas terminarán eliminando la disarmonía. El desequilibrado énfasis en los humanos por los humanos –la arrogancia europea de actuar como si estuvieran por encima de la naturaleza de todas las cosas– puede solo resultar en total disarmonía y en un reajuste que corte de tamaño la arrogancia del ser humano.
Los pueblos naturales de este planeta lo saben, y no necesitan teorizar sobre ello. La teoría es un abstracto; nuestro conocimiento es real"

"Cuando uso el término europeo, no me estoy refiriendo a un color de piel o a una estructura genética particular. A lo que me refiero es una forma de pensar, una visión del mundo que es un producto del desarrollo de la cultura europea. Las personas no están codificadas genéticamente para sostener este punto de vista, son aculturadas para sostenerlo. Lo mismo es cierto para los Indios Americanos y de los miembros de cualquier cultura.
Es posible, para un Indio Americano compartir valores europeos, una visión del mundo europea. Tenemos un término para esa gente, los llamamos “manzanas” –rojos por fuera (la genética) y blancos por dentro (sus valores).
Otros grupos tienen términos similares: los negros tienen las galletas “oreos”, los hispanos tienen “cocos” y así sucesivamente. Y, como he dicho antes, hay excepciones a la norma blanca: gentes que son blancas por fuera pero no por dentro. No estoy seguro que otro término deberíamos emplear 
con ellos más que “seres humanos.”
Lo que estoy poniendo aquí no es una propuesta racial sino una propuesta cultural."

"Más allá de eso, trabajo con cualquiera quienes hayan experimentado la opresión colonial de Europa y quienes resisten su totalidad cultural e industrial. Obviamente, esto incluye caucásicos genéticos que tienen que luchar para resistir a las normas dominantes de la cultura europea. Los irlandeses y los vascos vienen inmediatamente a la mente, pero hay muchos otros."

"Es evidente que individuos blancos pueden participar en esto, siempre que hayan alcanzado la conciencia de que la continuación del imperativo industrial de Europa no es una visión, sino una especie de suicidio. El blanco es uno de los colores sagrados del pueblo Lakota – rojo, amarillo, blanco y negro. Las cuatro direcciones. Las cuatro estaciones del año. Las cuatro etapas de la vida y el envejecimiento. Las cuatro razas de la humanidad. Mezcla rojo, amarillo, blanco y negro juntos y consigues marrón, el color de la quinta raza. Se trata de un orden natural de las cosas. Por lo tanto, me parece natural para trabajar con todas las razas, cada una su propio significado especial, su identidad y su mensaje."

"Pero hay un comportamiento peculiar en la mayoría de los caucásicos. Tan pronto como llego a ser crítico con Europa y su impacto en otras culturas, se ponen a la defensiva. Comienzan a defenderse a ellos mismos. Pero yo no estoy atacándoles personalmente, estoy atacando a Europa. Al personalizar mis observaciones sobre Europa, están personalizando la cultura europea, identificándose con ella. Al defenderse ellos mismos en este contexto, están defendiendo en última instancia la cultura de la muerte. Ésta es una confusión que debemos superar, y debemos superarla deprisa. Ninguno de nosotros tiene energía que gastar en tales luchas falsas.
Los caucásicos tienen una visión más positiva de ofrecer a la humanidad que la cultura europea. Lo creo sinceramente. Pero para la consecución de esta visión es necesario que los caucásicos den un paso fuera de la cultura europea– junto al resto de la humanidad– y vean a Europa por lo que es y lo que hace."

"Una cultura que regularmente confunde revolución con continuación, que confunde ciencia y espiritualidad, que confunde rebelión con resistencia, no tiene nada útil que enseñarte y nada que ofrecerte como estilo de vida. 
Los europeos hace mucho que perdieron todo contacto con la realidad...
... si alguna vez tuvieron contacto con ella"




 No sólo se apropiaron en su día de este lugar sagrado para los lakotas, sino que entre 1927 y 1941, esculpieron en él los rostros de 18 metros de altura de los presidentes estadounidenses George Wasington, Thomas Jefferson, Theodore Roosevelt y Abraham Lincoln.

“Las sagradas Montañas Negras tienen dos descripciones en la lengua lakota: Paha Sapa y Kȟe Sapa." explica Means. "La palabra Pa-ha contiene dos significados: Pa describe a la montaña emergiendo de la tierra.  El término Paha Sapa, todo junto, ofrece una imagen descriptiva de nuestras montañas sagradas vistas a la distancia. Te proporciona la ilusión de ser negra desde la distancia, las montañas emergiendo de la tierra. Paha Sapa.
Las palabras Kȟe Sapa te dan la descripción de las montañas sagradas vistas de cerca con sus blancos riscos, praderas, árboles y valles.
Así, todo lo que ves y todo lo que conoces es sagrado.
Piensa en lo profundo que es Paha Sapa.”

martes, 19 de diciembre de 2017

Navidad, Nochevieja, los rituales y la regla de punta

Las vacaciones navideñas conllevan a la mayoría un sentimiento de nostalgia dulce, de buenos recuerdos, especialmente recuerdos de la infancia, de colores, luces, olores y adornos en nuestras casas y calles. De las bromas y la buena comida, y todos los momentos inovidables de personas queridas.

Los rituales no son algo del pasado ni algo propio de grupos humanos a los que consideramos "exóticos". Como animales simbólicos que somos, toda vida humana está repleta de rituales que marcan hitos grupales y, por lo tanto, también personales. "La vida cotidiana es estresante y llena de incertidumbre. Tener un momento especial del año en el que sabemos exactamente qué hacer, de la manera en que siempre lo hemos hecho, proporciona una cómoda sensación de estructura, control y estabilidad. Desde recitar bendiciones hasta levantar un vaso para hacer un brindis, las tradiciones navideñas están repletas de rituales. Los experimentos de laboratorio y los estudios de campo muestran que las acciones estructuradas y repetitivas involucradas en tales rituales pueden actuar como un amortiguador contra la ansiedad, haciendo que nuestro mundo sea un lugar más predecible. Reunirse en lugares lejanos ayuda a las personas a dejar atrás sus preocupaciones y, al mismo tiempo, les permite reconectarse con tradiciones familiares consagradas por el tiempo.", explica el antropólogo Dimitris Xygalatas, de la Universidad de Connecticut.

Bodas, cumpleaños, y celebraciones estacionales como la Navidad o la
Nochevieja. Cuanto más importante sea el hito, tanto más exuberancia sensorial contienen los rituales. Las luces, los olores a velas o a comida, los colores de los adornos navideños... Las canciones navideñas o villancicos tampoco pueden faltar en estas fechas, aunque al contrario de lo que se cree, su origen no es popular: “Se empieza a cantar en entornos eclesiásticos y sustituyó a los responsorios que se cantaban en el servicio de maitines de la Navidad” explica Maricarmen Gómez Muntané, musicóloga especializada en los repertorios de la Edad Media y del Renacimiento y experta en villancicos, a la antropóloga y periodista Virginia Mendoza. Por lo tanto, el origen de los villancicos es sacro y culto. Eso sí: los maitines se cantaban en latín, mientras que los villancicos se hacían en lengua vernácula, del país, ya que su objetivo era convertir a la gente, especialmente "a los moriscos de Granada, tras su Reconquista”. Después, explica la musicóloga, apareció un género conocido como “ensalada”, en el que se unían la canción popular, el villancico y el romance. "Las negrinas" de Hispanoamérica protagonizadas por personas de los pueblos originarios para favorecer la evangelización, eran en realidad "ensaladas", aunque este género musical llegó a confundirse con el villancico. También llamado "vilancete" y "cantinela" en Portugal, "carols" o "Christmas Carols" en el mundo anglosajón, "nöels" en francés, "canzonetta di Natale" son para los italianos y "Weihnachtslieder" para los alemanes.

No hay una buena celebración sin un buen banquete festivo, y ninguna tradición navideña estaría completa sin una comida festiva. Muchos antropólogos están de acuerdo en que cocinar nos hizo humanos, pero su consumo alrededor del fuego o alrededor de una mesa, también. La cocina ha sido una de las características definitorias de nuestra especie, pero compartir una comida ceremonial simboliza comunidad, reunión de todos los presentes alrededor de la mesa y estrecha conexión entre ellos. Algo totalmente imprescindible para nosotros, animales archisociables. Por eso, no es de extrañar que muchas culturas humanas mantengan múltiples tabús en este espacio y tiempo de ingesta de alimentos. El antropólogo Malinowski contaba que en el archipiélago Trobriand (en Papua, Nueva Guinea) la sexualidad se vivía desde muy temprana edad, y tampoco estaba mal visto tener muchas parejas sexuales antes del matrimonio, pero lo que sí se consideraba tabú era compartir la comida. 

Xygalatas explica que "hay investigaciones que muestran que un ritual antes de una comida mejora la experiencia de comer y hace que la comida (¡incluso unas simples zanahorias!) parezcan más sabrosas. Otros estudios encontraron que cuando los niños participan en la preparación de alimentos, disfrutan más de la comida, y que cuanto más pasamos preparando una comida, más la apreciamos. De esta forma, el trabajo y la fanfarria asociados con las comidas festivas prácticamente garantizan una mejor experiencia gastronómica."

Los regalos bajo el árbol son otro componente clave de las celebraciones de
Navidad. "Los antropólogos han notado que, entre muchas sociedades, la entrega de obsequios ritualizada desempeña un papel crucial en el mantenimiento de los vínculos sociales mediante la creación de redes de relaciones recíprocas." recuerda Xygalatas. El regalo nunca está dentro del paquete: siempre son las manos que lo entregan. En Japón lo saben bien, por eso el intercambio de regalos está llena de simbolismo y tradición. Cuando se ofrece un regalo, es costumbre que el receptor en un principio se niegue a aceptarlo ¡hasta tres veces! y se devuelva el detalle haciendo un regalo después de haberlo recibido, efecto que se conoce como "okaeshi". El peine es un objeto que nunca debería regalarse, ya que su pronunciación es igual a la de la palabra sufrimiento y la de muerte. Nunca se debe ofrecer cuatro regalos o un regalo dividido en cuatro partes, ya que cuatro, en japonés "shi", es considerado de mal augurio porque su pronunciación también se asemeja a la de muerte. Una de las cosas que más sorprenden al occidental que da un regalo a un japonés es que éste lo agradezca pero no lo abra inmediatamente. Ésta es una tradición muy japonesa que puede entenderse como una manera de evitar tener que fingir al abrir el regalo si éste no llega a cumplir las expectativas y de esta manera se evita la vergüenza tanto del receptor como del donante. Esta norma de etiqueta es muy respetada en ocasiones formales. Entre amigos, sin embargo, cada vez es más típico preguntar al recibir el regalo si se le permite abrirlo en ese mismo instante, sabiendo que la respuesta será comúnmente “sí, ¡claro!”.

Nadie duda del mantenimiento y fortalecimiento de los lazos familiares en estas celebraciones. Todo ritual colectivo crea sentimientos de pertenencia, solidaridad y armonía social. Si bien es cierto que también se crean tensiones, discusiones, roces... es poco probable que arruine la experiencia general.
Según el psicólogo y premio Nobel Daniel Kahneman, cuando evaluamos las experiencias pasadas, tendemos a recordar los mejores e intensos momentos, y también los últimos momentos, prestando poca atención a todo lo demás. Esto se conoce como la "regla de punta". Es decir, que si una buena celebración de Navidad termina con un triste incidente, será recordada como “las peores navidades”. Pero todo año puede ser recordado como un año no tan malo si termina con una gran fiesta...
Feliz Navidad y Feliz Nochevieja!


Fuentes:
https://verne.elpais.com/verne/2017/12/15/articulo/1513357935_451898.html
https://theconversation.com/an-anthropologist-explains-why-we-love-holiday-rituals-and-traditions-88462

http://www.vwl.tuwien.ac.at/hanappi/TEI/momentsfull.pdf

miércoles, 22 de noviembre de 2017

Homo economicus y el Black Friday: la dictadura de los supermercados.

"En el mundo actual, todas las imágenes de felicidad acaban en una tienda". 
Zygmunt Bauman, sociólogo y filósofo.

El fenómenos de los rolezinhos surgió en São Paulo en 2014. Eran un grupo de jóvenes de la periferia, negros y mestizos, de bajos recursos, que acordaban encuentros masivos e ir de "role", paseo, por los centros comerciales. Centros reservados para un público de tez blanca y elevada capacidad adquisitiva. Estos jóvenes terminaron siendo criminalizados y un juez prohibió dichos encuentros, pese a que no constituían ningún crimen: sólo pretendían divertirse y armar jaleo. O quizás algo más. La antropóloga Lucía Scalco explicó que en realidad, se trataba de una manera de expresar el deseo de "participar en la periferia de nuestra sociedad, de asistir a los mismos lugares y territorios que los demás jóvenes de otras clases. El abismo social que vivimos es tan estructural y arraigado que las clases media y alta no lo perciben y las autoridades solo se animan a prohibir su entrada a un lugar que debería ser público”.
"Yo soy libre. Libre de divertirme cuanto quiera. Hoy día todo el mundo es feliz." le dice Lenina a Bernard, protagonistas de "Un mundo feliz" de Aldous Huxley. "Sí, hoy día todo el mundo es feliz", le responde Bernard. "Pero, ¿no te gustaría tener la libertad de ser feliz…de otra manera? A tu modo, por ejemplo; no a la manera de todos."

Libertad, es la idea mil veces repetida por el discurso hegemónico. "La gran ventaja del capitalismo es que somos libres para elegir lo que queremos comprar (siempre, claro está, tengamos dinero suficiente), y esa libertad fuerza a las empresas a competir por ofrecernos cada vez mejores productos y a mejor precio. ¿Es esto cierto?". se pregunta Nazaret Castro, en su libro "La dictadura de los supermercados. Cómo los grandes distribuidores deciden lo que consumimos"

Y continúa: Es el teatro de la libre elección, porque detrás de la aparente diversidad de productos
que se manifiesta en múltiples colores, sólo un número muy limitado de productores consiguen llegar a las estanterías del super, sólo aquellos que se ajustan a las demandas del oligopolio de la gran distribución. Del griego "oligo" pocos, y "polio", vendedor. Un pequeño número de actores que controla la oferta de un producto y puede así controlar los precios. Cada vez más, las mercancías que vemos de embalajes muy distintos, marcas muy diversas, pertenecen al mismo puñado de grupos empresariales multinacionales. Por eso, también es un "oligopsonio", de "psonio", compra. Unos pocos compradores controlan la demanda, la compra a los productores a quienes compran la mercancía que producen. Así es como determinan qué productos terminamos comprando.

El mayor triunfo del sistema capitalista consistió en convencernos de que la economía no es el modo en que escogemos organizar nuestra relación con los recursos, sino que ese modo ya nos viene dado como una ley universal y consiste en administrador recursos que son siempre escasos. El Homo economicus es el individuo absolutamente racional que compra friamente, analizando si un producto proporciona la mayor utilidad en relación con el precio. Calculando qué le reporta más placer, o satisface mejor sus necesidad, a un menor precio. Es a este homo economicus al que apelan las complicadas promociones de los envases que prometen "un 25% gratis" o "100 gramos más" o "productos con vitaminas A + D". Aunque sea imposible comprobarlo. Aunque ya esté demostrado que las personas que aprovechan las promociones acaban gastando más. "Si se sigue hablando de precio en vez de valor, al final les convenceremos de que el precio es el único argumento relevante para tomar las decisiones de compra", escribió J.A. Boccherini, del Departamento de Empresas Agroalimentarias del Instituto Internacional San Telmo.

Negamos que los argumentos basados en la emocionalidad nos afecten, como las que recibimos desde el comercio justo al pedirnos que pensemos en las condiciones sociales y ambientales de la producción, y no sólo en la calidad y el precio de esa mercancía. Pero no nos fijamos tanto en las manipulaciones a nivel emocional a través de las cuales la publicidad y el marketing nos imponen determinados hábitos de consumo.

"La economía es el método. La finalidad es cambiar el corazón y el alma" lo expresó con esta frase una de las principales arquitectas de la institucionalidad neoliberal, Margaret Thatcher. El hiperconsumidor del siglo XXI, como lo llama Gilles Lipovetsky, se ha acostumbrado a deambular por los pasillos interminables de los grandes almacenes, a pagar en caja sin apenas intercambiar palabra y a sustituir los paseos por los parques y las calles por los grandes comerciales. Antes, si merodeabas por una tienda sin comprar, casi te echaban. Ahora, consiste precisamente en que mires, en que te sobrevenga el deseo, el impulso de comprar algo que no necesitas. (El escaparate, tal y como lo conocemos hoy en día, nace en el siglo XIX, muy ligado a la aparición de grandes almacenes.)

"El consumo ha conseguido infiltrarse hasta las relaciones con la familia y la religión, la política y el sindicalismo, la cultura y el tiempo disponible. Es como si funcionara como un imperio sin tiempos muertos y de contornos infinitos" escribió Guy Debord. El consumo se entiende como una diversión, un estilo de vida, símbolo de abundancia, acceso a bienes materiales y a servicios y, por lo tanto, de bienestar. Para ello, fue fundamental divulgar el "american way of life" y el "más soy cuanto más tengo", con el único límite del dinero, con absoluta irresponsabilidad por las consecuencias. Con la disculpa de la libertad, anteriormente mencionada, se legitima la satisfacción irresponsable de los deseos individuales, aunque no sean admisibles eticamente. ¿Es legítimo colocar en pie de igualdad el deseo de tener un coche de lujo con el deseo de comer todos los días? Un ejemplo: un solo shopping gasta la misma energía que una ciudad de 10.000 habitantes.

Pero vamos a estas grandes superficies, decimos, porque "no tenemos tiempo". En realidad, nadie ha demostrado que se ahorre tiempo comprando en una grande superficie en vez de en varias tiendas del barrio. No solemos sumar el tiempo que invertimos en llegar al lugar, recorrer sus interminables pasillos buscando aquellos productos que han vuelto a ser esparcidos y cambiados de lugar, y esperar en interminables filas de las cajas. De todas formas, ¿es lo mismo conversar con el tendero que esperar en una fila hasta llegar a la cajera obligada a trabajar rápido y mecánicamente? La falta de tiempo nos genera angustia porque, además de consumidores, sentimos que somos nuestros propios empresarios y empresarias, y necesitamos rellenar el tiempo con actividades y relaciones personales que nos permitan mejorar nuestras posiciones en un mundo cada vez más hostil donde reinan los valores de la competencia, la eficiencia y la rentabilidad, frente a la solidaridad y la colaboración. Charlar con el/la tendero/a es una pérdida de tiempo. Todo nuestro tiempo debe estar al servicio de la maquinaria de la ganancia: es la expropiación del tiempo hy del espacio.

La obsolescencia programada o la deslocalización de la producción (producir a 15.000 kilómetros de distancia de donde se va a producir), son otros ejemplos de la irracionalidad extrema a la que nos lleva esta racionalidad instrumental del Homo Economicus. Pero también lo es la obsolescencia percibida, la publicidad que asedia al hiperconsumidor con nuevos modelos de sus artefactos, que han quedado antiguos, aunque perfectamente útiles, a los dos meses de compra. La rápida rotación de los productos provocan en los consumidores la sensación de urgencia: por si mañana ya no está, por si se agota. Así se crea un hiperconsumidor eternamente insatisfecho, porque nunca satisface del todo su deseo. Un consumidor que confunde necesidades (que son finitas) con deseos (que pueden ser infinitos). Ni siquiera percibimos el límite que impone nuestro bolsillo porque, para trascenderlo, están los créditos, las tarjetas o los pagos en cuotas. 
Sin embargo, ni siquiera el deseo es libre, sino manipulable. Tomamos de media 35.000 decisiones al día, 24 por minuto. En un mercado de la abundancia, hay que tomar atajos mentales nada racionales para escoger. De esto se encarga el marketing que diseña al milímetro las propagandas, la colocación de los productos, las sensaciones olfativas, la música ambiental... El objetivo no es satisfacer necesidades humanas, sino hacernos comprar cosas que no necesitamos. La atmósfera comercial que apela a la emocionalidad del individuo, a su deseo de pertenencia al grupo, a su identidad. Somos consumidores cada vez más influídos por factores emocionales. Cada vez más, no importa el producto en sí, sino la vinculación con la marca.

Se calcula que el 75% de las decisiones de compra se toman en el establecimiento, y el 80% de los que entran en un centro comercial acaban comprando algo. Todos volvemos siempre a casa con muchos más productos de los que tenemos en la lista de la compra, las más de las veces porque "nos lo merecemos" después de haber trabajado tan duro. O porque nos han inoculado la idea de que es un fracaso tener un kilo de más, una arruga o la piel de naranja, y para dar respuesta a este problema, existen las cremas y los productos light. Por eso, las técnicas de venta se orientan a que la experiencia afectiva vinculada al consumo del producto, sea percibido como una respuesta a nuestros problemas. Es en el hecho mismo de la compra, y no tanto en su uso, donde se encuentra la satisfacción. 
No importa las condiciones laborales de los productores que hicieron el producto, ni los impactos medioambientales que dejó la extracción de la materia prima, ni siquiera importan los costes para la salud y la diversidad cultural, sino únicamente la satisfacción de nuestros propios deseos. Es la mano invisible de la que hablaba Adam Smith, aquella que asegura que el egoísmo de los individuos redunda en bienestar público.

No hay alternativa, nos dicen. Por eso es más necesario que nunca pensar cómo habitamos el tiempo y el espacio, pasarnos a grupos de consumo y al mercado social, consumir localmente, producir alimentos saludables, volver al granel y envases retornables, y dejar el usar y tirar por el remiendo.


Fuente:
 Nazaret Castro, "La dictadura de los supermercados. Cómo los grandes distribuidores deciden lo que consumimos"

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martes, 7 de noviembre de 2017

Saudade, morriña, hüzün, hiraeth, o quienes le cerrarán los ojos a la tierra.

 "Saudade -Qué será?... yo no sé... lo he buscado
en unos diccionarios empolvados y antiguos
y en otros libros que no me han dado el significado
de esta dulce palabra de perfiles ambiguos.

Dicen que azules son las montañas como ella,
que en ella se oscurecen los amores lejanos,
y un noble y buen amigo mío (y de las estrellas)
la nombra en un temblor de trenzas y de manos.

Y hoy en Eca de Queiroz sin mirar la adivino,
su secreto se evade, su dulzura me obsede
como una mariposa de cuerpo extraño y fino
siempre lejos -tan lejos!- de mis tranquilas redes.

Saudade... Oiga, vecino, sabe el significado
de esta palabra blanca que como un pez se evade?
No... Y me tiembla en la boca su temblor delicado.
Saudade..."

Pablo Neruda

"Las procesionarias del pino se empujan, forman una hilera de seda que ellas mismas han creado y por ese camino marcado circulan y vuelven a circular incansablemente". Un entomólogo llamado Jean Henri-Fabre intentó que renunciaran a ese instinto colocando una maceta en torno a la palmera, diseminando el hilo de cera, eliminando todo rastro de su camino, separando a su líder... Las orugas se quedaron paralizadas al no poder acceder a la palmera, pero se quedaron en el mismo rastro de seda suicida. Sólo se alejaron de la maceta cuando quedaron extenuadas y muertas de hambre.

La antropóloga Virginia Mendoza hace una comparación del comportamiento de las procesionarias con el sentimiento de arraigo que se da en los grupos humanos, en su libro: "Quién te cerrará los ojos. Historias de arraigo y soledad en la España Rural". Este hechizo del camino de seda no afecta sólo a las procesionarias, aunque nos creamos seres innatamente aventureros, también los seres humanos somos animales de costumbres. La Historia se empecina en mostrarnos a expedicionarios audaces, historias de Héroes que recorren largos viajes, ejemplos de emprendedores audaces, autónomos, individualistas. Pero la historia real es que en general, los seres humanos no tenemos esa tan grande ansia por explorar nuevas tierras. No nos gustan los cambios, las sorpresas o lo que no podemos controlar. El ser humano, nos decía Lévi-Strauss en “Tristes Trópicos”, se ha propuesto siempre la tarea de edificar una sociedad en la que fuera posible vivir bien, sin necesidad de cambio. Sociedades o comunidades más o menos estables en las que hubiese una continuidad en las interacciones, sin tantos cambios vitales abruptos, sin tanta reinvención de la identidad. De hecho, en una conferencia, Lévi-Strauss explicó que los antropólogos eran “los traperos de la historia” y que buscaban su tesoro en los cubos de basura de los historiadores.

Son las historias de muchos grupos humanos que decidieron, aún en su aislamiento, quedarse en sus tierras y con sus gentes. Y muchos aceptaron que eran los únicos seres que habitaban la tierra, sin ninguna pizca de ansiedad.

"¡¡Nosotros estamos solos en este mundo!!" Le gritaron los inughuit a Sackheuse (intérprete del almirante John Ross). Por eso, cuando les vieron a los hombres blancos por primera vez en 1818, creyeron que eran dioses o espíritus del aire.
Estos inughuit nunca habían visto al hombre blanco, pero tampoco a otros seres humanos. Sin embargo, aún en su permanente aislamiento, los extranjeros les definieron como una sociedad “feliz y satisfecha”.

También en las lenguas humanas se vislumbra este sentimiento de arraigo a la tierra. Mendoza explica el término galés "hiraeth", esa melancolía que se asocia a la falta de la tierra natal.

En portugués, bien conocida es la palabra "saudade". La palabra gallega es “morriña”, y la vasca "herrimina", dolor de pueblo, como "mal du pays" en francés, o "heimweh" en alemán.. 

"Hüzün" es la melancolía en turco, pero la melancolía de la que "participan millones”, según el escritor Orhan Pamuk. La melancolía de quienes viven atados a esa tierra. Un sentimiento que es vivido por un colectivo, entre las ruinas del Imperio Otomano. 

Los rumanos, quizás más solidarios con sus emociones, lo definen simplemente como "dór": "dolor". Mircea Eliade en "«Dor» Nostalgia rumana ", cuenta que es imposible hablar un cuarto de hora con un campesino rumano sin que esta palabra brote de sus labios. «¿Dolor de qué? ¿Quizá de la vida que dejamos pasar sin gozar? ¿Quizá de la infancia, de la juventud que de pronto descubrimos que hemos perdido? Seguramente de nuestros amores, que ya murieron, o del amor presente que no tenemos valor de agotar...»
  
"Un rumano no dice tan solo: Mi-e dor de tine, «tengo dolor de ti» (te amo); sino que también dice: Mi-e dor de iarba verde, «quiero ver las verdes hierbas» (tengo nostalgias camperas), o: Mi-e dor de un din bum!, «sediento estoy de buen vino»."

Una de las más bellas poesías del gran Eminescu se titula: Mai am un singur dor... «Sólo tengo ahora un deseo...»

«En la paz de última hora
No me abran la sepultura
En tierras de junto al mar.
Los bosques quiere mi alma
Se abran para descansar
Y que el cielo sereno cubra
El agua profunda y calma...»

La vida humana es feliz en la calma y en la conversación; no en la melancolía perpetua de este continuo trasiego de la historia. O en el ruido, en el vértigo y en la ambición que nos inculca este Sistema que nos exige cambios ambiciosos y emprendedores. Se nos dice que el ser humano es una especie ambiciosa, y que en su insaciable naturaleza humana hará lo que sea por explorar y conquistar nuevas tierras o, en menor medida, por colonizar ese nuevo iPhone.
Mientras, Virginia Mendoza ha conocido, en sus propias palabras, "a quienes le cerrarán los ojos a la tierra". Los y las que decidieron permanecer en su tierra y que "ni las ausencias ni los miedos minarían su instinto de permanencia". 

Y escribe:
"El mundo se acelera. La vida se acelera.
¿No será esta necesidad de volver a la vida lenta la máxima expresión de supervivencia ahora que la premura nos acerca a la muerte a marchas forzadas?"

Cuando somos bebés "la quietud nos aterra y pedimos que nos mezan con alaridos, lágrimas y gimoteos" Ahora, tenemos prisa por obtener silencio y quietud. "Volvemos al pueblo con un renovado orgullo: no hemos sucumbido a los males de la ciudad y eso nos hace fuertes e invencibles."



Fuentes:
http://www.filosofia.org/hem/194/esp/9430501a.htm

viernes, 27 de octubre de 2017

Oda a las plantas: sensibilidad e inteligencia en el mundo vegetal.

 "La planta es el eslabón que une la Tierra con el Sol".  Kliment Timiriázev, botánico ruso.


¿Son las plantas seres inteligentes que resuelven problemas y se comunican con otras plantas y animales? Esta es la pregunta que intenta responder el libro "Sensibilidad e inteligencia en el mundo vegetal" de Stefano Mancuso y Alessandra Viola.
 
Nuestra relación con las plantas es de dependencia absoluta. Si mañana desaparecieran de la Tierra, la vida humana duraría unas pocas semanas. Si por el contrario fuésemos nosotros quienes desapareciésemos, las plantas volverían a apropiarse de todo el territorio que les hemos arrebatado, y en poco más de un siglo, todos los signos de nuestra milenaria civilización quedarían cubiertos de verde. El reino vegetal representa el 99,5% de la biomasa del planeta. Es decir, que del cien por cien del peso de todos los seres vivos de la Tierra, entre un 99,5 y un 99,9 por ciento corresponde a las plantas. El ámbito alimentario es sólo el primer eslabon de nuestra dependencia con las plantas. Otro es el oxígeno, la absorción del dióxido de carbono y sustancias contaminantes y la moderación del clima.

Casi todo lo que el ser humano ha usado como fuente de energía desde el principio de los tiempos proviene de ella. Los combustibles fósiles (carbón, hidrocarburos, aceites, gas, etc.) no son más que la acumulación subterránea de energía solar que, a lo largo de varios periodos geológicos, los organismos vegetales han introducido directamente en la biosfera mediante la fotosíntesis. El milagroso proceso que transforma los rayos luminosos y el dióxido de carbono presente en la atmósfera en moléculas de alto contenido energético. Por eso, nuestra dependencia con el reino vegetal incluye, además del aire y la comida, la energía. Otro más es la medicina: casi todos los fármacos se obtienen a partir de moléculas producidas por las plantas o sintetizadas por el ser humano mediante la imitación de la química vegetal.
 
Las primeras células vivientes capaces de realizar la fotosíntesis aparecieron en el planeta hace más de 3500 millones de años, mientras que el primer Homo Sapiens no apareció hasta hace 200.000 años. Hace unos quinientos millones de años se produjo la diferenciación entre plantas y animales. 

Simplificándolo, las plantas optaron por un estilo de vida sedentario, y los animales por uno nómada. de maneras muy diferentes.
Las plantas se encontraron en la necesidad de obtener tierra, aire y sol para vivir. Son autótrofas, es decir, autosuficientes, no dependen de otros animales para su supervivencia. Los animales, en cambio, tuvimos que alimentarnos por fuerza de otros animales o plantas, desarrollando múltiples formas de locomoción (carrera, vuelo, nado). Somos heterótrofos, no somos autosuficientes. El reino vegetal y el animal hemos optado por defendernos, alimentarnos y reproducirnos

Las plantas tienen el cuerpo construído a partir de una estructura modular, es decir, todas sus partes son importantes pero ninguna es del todo indispensable. Esto significa que para las plantas, que se las coman no significa un gran problema, ya que no han reducido agrupar sus capacidades vitales en sólo unas pocas zonas neurálgicas. Algunas plantas pueden ser depredadas hasta un 90 o 95% y después volver a crecer de manera normal a partir del núcleo de supervivencia. Los animales no podemos decir lo mismo, de hecho, todas nuestras funciones vitales importantes se concentran en unos pocos órganos (cerebro, pulmones, estómago...) y hemos basado nuestras estrategias defensivas en el movimiento. Las plantas son capaces de respirar sin tener pulmones, alimentarse sin tener boca o estómago, se mantienen erguidas sin esqueleto e incluso "toman decisiones" sin tener cerebro. Carecen de ojos pero son capaces de interceptar la luz, usarla y reconocer tanto su cantidad como su calidad para crecer hacia ella: es el llamado "fototropismo". Así mismo, oyen sin tener oídos, y se llama "fonotropismo". Las raíces oyen y distinguen las frecuencias de sonido, y según las vibraciones, deciden acercarse o alejarse.

Y no sólo disponen de estos sentidos. También pueden medir con precisión la humedad de un terreno e identificar fuentes de agua. Detectan la gravedad y son capaces de reconocer y medir un inmenso número de elementos químicos presentes en el aire o en la tierra. Las raíces son capaces de detectar los nutrientes para acercarse a ellos y los compuestos peligrosos para alejarse de ellos.
 
Cuando una planta sufre una extirpación, generalmente no sólo sobrevive, sino que incluso sale beneficiada, como el ejemplo vigorizador de las podas. Los seres humanos nos definimos como "individuos", del latín "in" (que en este caso significa no) y "dividuus" (divisible). Somos indivisibles. Las plantas se pueden dividir y cada una de sus partes sobrevive de forma autónoma. No son individuos, un árbol se parece mucho más a una colonia de abejas o de hormigas que a un animal tomado por separado. Uniendo sus partes desarrollan una inteligencia colectiva muy superior a las de las partes individuales que las constituyen. Las raíces crecen coordinadamente para una exploración óptima del suelo sin necesidad de tener cerebro que las dirija. Son los comportamiento "emergentes" que se dan también en otras especies, como en los enjambres o como cuando los seres humanos nos agrupamos. Un ejemplo clásico es el de miles de personas que aplauden en un teatro: éste empieza siendo asincrónico, pero a los pocos segundos tiende a sincronizarse hasta producir un sonido armónico. Como cuando disponemos de la capacidad de caminar por aceras muy concurridas sin pisarnos, las plantas disponen de estas dinámicas en una misma unidad, entre sus distintas raíces, porque cada planta es un enjambre. 

Esta comunicación dentro de una misma planta no ocurre sólo con las raíces. La llamada "timidez de las copas" consiste en que ciertos árboles tienden a evitar que las copas se toquen aunque crezcan muy cerca las unas de las otras, pactando el territorio. Por ejemplo, el pinar. Las plantas interactúan entre sí a muchos niveles, y hay especies que manifiestan una personalidad menos competitiva y entrelazan sus copas con libertad. Hay plantas que son capaces de reconocer a sus parientes y se muestran con ellas más amistosas que con los extraños. Nada extraño si se piensa que en la naturaleza, uno de los principales objetivos de la vida es la defensa del patrimonio genético. Además, una planta debe preservar su territorio invirtiendo muchos de sus recursos en la parte subterránea, ocupando el suelo con un gran número de raíces. A esta zona se le llama "rizosfera" ("rhíza" es raíz, "sphaira" es esfera). Si las plantas forman parte de un mismo clan, no hay necesidad de competir y pueden reducir sus raíces en beneficio de la parte aérea. 

Las simbiosis son básicas para todas las formas de vida, incluída la nuestra, y para las plantas no es menos: es la comunicación y reconocimiento con las azotobacterias, con otras plantas e incluso con los animales. Para la reproducción, utilizan insectos, aves e incluso murciélagos como polinizadores, que son fieles durante todo el día a la primera especie que visitan por la mañana. Y para su defensa, también. Por ejemplo, el maíz, una especie de gramínea que muchas veces se ve atacado por un insecto que coloca sus larvas cerca de sus raíces (diabrotica virgifera). Las variedades antiguas de maíz europeo y selvático eran capaces de defenderse de este insecto, produciendo una sustancia llamada "cariofilina" para atraer a unos gusanos (nematodos) que devoraban las larvas. Pero los seres humanos, a través de un proceso de selección para obtener grandes producciones y de gran tamaño, hemos elegido variedades que no eran capaces de defenderse. Así pues, hemos tenido que recurrir a la ingenieria genética para devolverle al maíz esta característica innata y su antigua capacidad de defensa. Es decir, una planta transgénica.

Desde el final de la Segunda Guerra Mundial hasta hoy, la productividad de las plantas y los terrenos ha aumentado de manera constante gracias a la "revolución verde" de los años sesenta. Hoy en día, el rendimiento de las plantas ha interrumpido su tendencia positiva por primera vez en sesenta años. Los terrenos cultivables disminuyen a causa del cambio climático, y la población mundial no deja de crecer. Mientras, cuando pensamos en las plantas, pensamos en inmovilidad e insensibilidad. 

Pero ellas son las mediadoras entre el sol y el mundo animal, el centro energético de nuestro sistema. 

Y son activas, adaptables, y poseedores de un modo de vida del todo independiente de los seres humanos.